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 LA DIPUTACIóN RESTAURA EL MURAL EN MOSAICO DE LA IGLESIA DE VILLALVA DE CALATRAVA 
Reportajes: Domingo, 04.03.2007   
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Es obra de Hernández Mompó y la intervención ha supuesto una inversión de 21.755 euros

La Diputación de Ciudad Real, a través del servicio de Patrimonio y Conservación, ha llevado a cabo la restauración de la importante obra mural que hay en la fachada de la iglesia del pequeño anejo de Villalba de Calatrava, perteneciente al municipio de Viso del Marqués. Ha sido una de las actuaciones elegidas por el grupo de trabajo integrado por representantes de la institución provincial y del Obispado dentro del convenio de colaboración que se renueva cada año con el objetivo de proceder a la restauración de bienes de la Iglesia radicados en la demarcación ciudadrealeña.

Los trabajos se han llevado a cabo en el plazo de dos meses según un proyecto presentado por el del restaurador Javier Sellers, quien ha contado con la dirección técnica del Servicio de Conservación de Bienes Culturales y el Centro de Exposiciones de la Diputación, tal y como establece el articulado del convenio. Y la intervención ha supuesto un coste de 21.755 euros, cantidad que ha aportado la Administración provincial con cargo al referido acuerdo.

La restauración del mural de Mompó implica su puesta en valor y la de su entorno y es un gesto que sigue recordando la necesidad de proteger y revitalizar esas singulares actuaciones urbanísticas y arquitectónicas que son los pueblos de colonización.

Dar a conocer los poblados de colonización de Ciudad Real, evidenciando su valor patrimonial medio siglo después de su creación situándolas en su contexto histórico, a la vez que se llama la atención sobre su progresiva despoblación y consiguiente deterioro y la necesidad de su protección y revitalización, fue el objetivo de la exposición documental sobre los nueve pueblos de colonización construidos en la provincia, organizada en 1994 por el Centro de Exposiciones de la Diputación en colaboración con la Universidad de Castilla la Mancha y el Colegio de Arquitectos.

El abundante material gráfico y fotográfico recuperado o elaborado para la muestra por profesionales de ambas entidades y la documentación y estudio histórico artístico de estas manifestaciones llevada a cabo por la doctora Esther Almarcha, de la UCLM, se ordenó por el CEX en la exposición en dos secciones: "Las Ideas, los Proyectos" y "la Administración de la vida", publicándose también en el catálogo de la muestra.

Mompó en Villalba

El mosaico mural de Villalba fue realizado hacia 1958 por uno de los artistas más destacados del siglo XX, el valenciano Manuel Hernández Mompó, conocido y singular representante del Informalismo español, en la fachada de la iglesia del pequeño municipio de Villalba de Calatrava, uno de los núcleos rurales construidos de nueva planta en distintas zonas del país en el periodo de la autarquía, dentro de un plan de colonización que, en aras de una supuesta reforma agraria, llevó a cabo el Instituto Nacional de Colonización del Ministerio de Agricultura franquista, creado para este fin.

Villalba de Calatrava fue, sin duda, uno de los proyectos urbanísticos y arquitectónicos más novedosos de estas actuaciones surgidas bajo las directrices ideológicas del Plan de Colonización, pero que gozaron de una permisividad o autonomía en su diseño formal que, en líneas generales, se plasmó en manifestaciones que pretendían conjugar las propuestas formalizadoras de la arquitectura regional y de lo popular existentes durante el primer tercio del siglo XX con el movimiento moderno. Esta actitud es muy evidente en el importante diseño del pueblo realizado por el arquitecto José Luis Fernández del Amo en 1955, quien incluyó en su proyecto a conocidos artistas de vanguardia como el escultor Pablo Serrano, que realizó el Vía Crucis y el retablo de la Iglesia, y el pintor Manuel Hernández Mompó, autor del mural de la fachada de la iglesia que ya ha sido restaurado.

La estructura urbana de Villalba es muy novedosa, conformándose por dinámicas manzanas dispuestas a tresbolillo que crean plazuelas entre ellas con abundante vegetación, alejándose de la monotonía que crean los trazados regulares de viviendas seriadas. Su programa fue de 100 viviendas de colonos de tres tipos y tamaños, destacado edificio para iglesia, sacristía y local para acción católica, otro inmueble para administración y dispensario médico, dos edificios comerciales, escuela con aulas para cada sexo, despacho y casa de maestros y edificio para la Hermandad Sindical con casa y almacén.

Villalba, junto con Bazán, Umbría de Fresnedas y Los Mirones, fueron los núcleos de colonización implantados en la finca de secano de la Encomienda de Mudela, comprada por el Estado y situada en los términos municipales de El Viso del Marqués, Calzada de Calatrava y Santa Cruz de Mudela con una superficie de 16.533 hectáreas. Excepto Los Mirones, que depende de Calzada de Calatrava, estos núcleos dependen administrativamente de El Viso del Marqués.

La iglesia y el mosaico

La iglesia destaca en el centro de Villalba y es un esbelto edificio de diseño preferente, con una única y espaciosa nave, construido en hileras de ladrillo y mampostería encalados, recogiendo las tradiciones constructivas locales e integrándolas en un diseño de formas esenciales de gran simplicidad y modernidad.

La blanca fachada se enmarca en un rectángulo cuyos lados recogen esquemáticamente la idea de torres rematadas con escuetas espadañas que flanquean la portada, levemente retranqueada, y dos vanos adintelados de acceso. La portada está atravesada en toda su superficie por dos baquetones ortogonales formando una cruz de obra en el mismo plano que los paños exteriores.

Sobre el muro de la fachada de aproximadamente 11x6 metros, realizó Mompó esta obra en mosaico en fechas cercanas a la concesión al autor de una beca por la Fundación Juan March para el estudio del mosaico después de haber residido en París, Roma y Holanda.

La composición, de temática agraria con simbología religiosa, presenta una filiación constructivista y rasgos neocubistas que armoniza con la arquitectura, manifestando el contacto del artista con el valenciano grupo Parpalló (1956), en cuanto a perseguir la integración de las artes con una acción creadora que trascendiera la experiencia individual de pintores, escultores, diseñadores y arquitectos.

Se realizó con pequeñas teselas de distinta naturaleza: cerámica vidriada y piedra -algunas del lugar- como areniscas, calizas, granitos y mármoles, de distinta textura y porosidad, elegidas cuidadosamente con un criterio pictórico, disponiendo materiales brillantes y mates para delimitar formas y hacer vibrar la composición y el color dando un conjunto de gran plasticidad.

Las teselas se dispusieron en losas de cemento de 50 centímetros colocadas sobre el muro con un mortero de cal y arena.

Proceso de restauración

Los daños que presentaba el mural se debían fundamentalmente a su situación a la intemperie. Factores medioambientales provocaron microfisuras en piezas vidriadas que hacían proliferar microorganismos en su interior, erosión y desgaste diferente según los materiales, costras por alteraciones químicas del material pétreo, restos de materiales de construcción, depósitos de concreciones de carbonatos, nidos de avispas, biodeterioro por musgos, fracturas, suciedad generalizada y pérdidas de materia.

La patología más importante era la pérdida de teselas en la parte superior derecha, aunque las había en toda la superficie. Presentaba, además, zonas donde el mortero que soporta las teselas estaba ahuecado y falto de cohesión. También sufrió alguna intervención indocumentada observándose zonas donde se repusieron teselas pegadas con silicona, descolocadas y sin aplicarles el mortero adecuado para adherirlas correctamente.

Su estado de conservación a nivel estructural presentaba numerosas grietas en sentido vertical y horizontal que coincidían, la mayoría, con zonas de unión entre los distintos paneles que conforman el mural; otras, en sentido diagonal, indicaban un principio de fragmentación de alguno de los paneles.

Para facilitar el seguimiento y documentación del proceso se dividió el mural en ocho zonas, localizando los daños en cada una de ellas: las grietas estructurales, la deficiencia de unión entre los distintos paneles, las reintegraciones inadecuadas y los desprendimientos de teselas, de mortero o de lagunas.

A partir de este minucioso examen se decidió el criterio a seguir para la reposición de piezas perdidas y, ya que éstas eran de distinta naturaleza, se optó por fabricar en un material sintético las piezas vidriadas y recuperar las perdidas, pétreas, que eran iguales a las que se podían encontrar en los alrededores de Villalba; estas últimas se extrajeron en pequeñas lascas, de forma similar a las que había utilizado Mompó.

El trabajo más laborioso fue la consolidación interna de zonas de muro, ya que la parte correspondiente del mosaico tuvo que ser arrancada previamente y de forma ordenada, adherida a un soporte de papel para no variar la colocación y orientación de las teselas, se tuvo acceso al muro para inyectar un mortero ligero; recuperándolo así como perfecto soporte.

Los criterios seguidos en la intervención están presididos por el respeto a la obra original y a sus particularidades, basándose en su estudio y conocimiento, puesto que se han llevado a cabo los trabajos imprescindibles para su consolidación y devolver así la unidad de lo representado.

Se ha tenido en cuenta el efecto, acabado de los materiales, mate y brillante, integrando las piezas nuevas según su material, acabado, orientación y efecto cromático. Para ello se han utilizado, por un lado, materiales inertes, en lo que se refiere a la consolidación y reversibles en las reposiciones; facilitando el reconocimiento de estas nuevas piezas en una posible y futura intervención. Las piezas nuevas (teselas con efecto de vidriado) se han marcado para distinguirlas de las originales; consiguiendo con la reintegración cromática el mayor mimetismo con el original.

El conocimiento de la obra pone de manifiesto el envejecimiento natural de los materiales que la forman y al ser una obra conservada al exterior, expuesta a cambios bruscos de temperatura y humedad, es objeto de una alta vulnerabilidad.

Los procesos de restauración frenan ataques biológicos y ayudan a la recuperación de piezas que podrían llegar a perderse, pero no duran eternamente y las obras tratadas deben ser objeto de un seguimiento constante e ininterrumpido.

Por este motivo se ha generado una importante documentación de cada una de las fases de la intervención, a través de fotografías, esquemas, dibujos y el registro de todas las incidencias, ya que pueden ser necesarias para conocer, a partir de ahora, el comportamiento material y envejecimiento controlado de esta obra tan significativa

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